Los rascacielos alicantinos de los 60 y 70 no resisten un terremoto

Así de contundentes son las conclusiones de una investigación, publicada en mayo de 2018, que ha desarrollado un equipo de expertos de la Universidad de Alicante que considera necesario realizar una importante labor de Inspección Técnica en las Construcciones para analizar el grado de deterioro y detallar las posibles labores de intervención y refuerzo en las estructuras.

El estudio científico se ha centrado en el análisis de algunas torres de hormigón armado de la costa alicantina, aunque, como asegura el catedrático Salvador Ivorra “es algo generalizado entre los edificios de la costa mediterránea y, en concreto, en Alicante”. Son edificios de 15 plantas, construidos en las décadas de los sesenta y setenta, un periodo en el que la normativa de sismo no se aplicaba y que se levantaron sin tener en cuenta la acción del viento, que deteriora en mayor medida al hormigón y al acero por el alto contenido en sal, debido a su proximidad al mar. El experto también destaca la calidad reducida de los materiales con los que se construyeron.

Para llevar a cabo este trabajo, desarrollado por el Grupo de Simulación, Modelización y Ensayo de Estructuras (GRESMES), que lidera Ivorra, han estudiado los planos que tiene el Ayuntamiento de Alicante de estos edificios, y han construido un modelo de cálculo para obtener los deterioros que se producirían con el comportamiento ante un sismo del edificio original y del edificio a fecha de hoy. En ambos casos los edificios no resisten un terremoto, concluyen.

 

 

Los edificios de hormigón armado están diseñados para tener una vida útil de cincuenta años con la normativa actual. A partir de esta edad empezarán a tener más problemas, indica el catedrático. Dependiendo de la proximidad al mar y su exposición estos niveles de deterioro pueden ser mayores o menores, llevando incluso a reducir considerablemente sus condiciones de seguridad estructural. En la costa alicantina son habituales las reparaciones de cornisas, balcones o barandillas, elementos en los que a primera vista el efecto de la corrosión se hace plausible y se realizan intervenciones de urgencia para evitar desprendimientos.

Estos daños llevan a las comunidades de propietarios a reparar las construcciones, tanto a nivel estético, como a nivel estructural, no realizándose en algunas ocasiones de la forma más adecuada, advierte la UA. E incluso, en remodelaciones de bajos se eliminan recubrimientos y se “descubren” pilares en situaciones realmente alarmantes con una escasa capacidad resistente.

Este trabajo desarrollado por el equipo de ingenieros e investigadores ha sido publicado recientemente en la revista científica Engineering Failure Analysis.

Los edificios con una antigüedad superior a 50 años están obligados a pasar una Inspección Técnica en la Comunidad Valenciana, algo que también es de obligado cumplimiento en la Región de Murcia, como se explica en esta pieza informativa de TeleYecla. (Ver Vídeo).